viernes, 28 de mayo de 2010

PERALES DE TAJUÑA. ECOSISTEMAS.

ENCUADRE GEOGRAFICO

El valle del Tajuña forma en el sureste de la Comunidad de Madrid una comarca natural en torno a pueblos como Ambite, Orusco, Carabaña, Tielmes, Perales de Tajuña, Morata de Tajuña y Titulcia, todos ellos próximos a la ribera del Tajuña, y otros algo más alejados como, Valdilecha, Villarejo de Salvanés, Valdelaguna, Colmenar de Oreja y Chinchón.
Toda esta zona está caracterizada por una litología, una geomorfología y un clima comunes. Los elementos del relieve son tres: los páramos altos, las vegas y los taludes de conexión. Las superficies altas o páramos están constituidas por calizas del final del Mioceno (hace unos 8 millones de años). Durante miles de años, el Tajuña ha ido erosionando la altiplanicie, dando lugar a cuestas de pendiente pronunciada hacia el cauce del río y en algunas zonas escarpes casi verticales. Las aguas torrenciales han provocado también la formación de numerosos barrancos. Esta acción erosiva nos permite ver los diferentes materiales que se encuentran en los horizontes inferiores a las calizas. Por debajo de las calizas aparece un horizonte de arcillas más o menos blancas, salvo en el contacto con las calizas que adquieren tonos rojizos por la acción de los óxidos de hierro. Por debajo de las calizas y arcillas aparece el horizonte de margas yesíferas, con yesos compactos y especulares. La vega del río está formada por materiales más modernos originados en el Cuaternario, como son los cantos rodados, gravas y arenas.
El clima se puede considerar de tipo mediterráneo de interior, caracterizado por tener veranos cálidos y secos e inviernos fríos y más lluviosos.La temperatura media de las máximas en verano es de 24 ºC (la más alta de la Comunidad de Madrid) y la media de las mínimas en invierno es de 6 ºC. En la zona llueve un promedio de setenta días al año (precipitacíón media anual de unos 450 mm, la más baja de la Comunidad de Madrid), siendo posibles las precipitaciones de nieve en los días más fríos del año.


EL PÁRAMO

Vegetación

La vegetación del valle del Tajuña presenta una clara diferenciación entre la zona de páramo y cantil y la zona aluvial.
En el páramo, las condiciones extremas de aridez propician el asentamiento de comunidades vegetales que soportan una gran sequedad. Muchas de estas zonas, debido al agotamiento de su fertilidad, han sido abandonadas, originando eriales de difícil recuperación. La vegetación resultante tiene un carácter propio, caracterizada por la presencia de labiadas, cistáceas, rutáceas, compuestas, aromáticas, euforbias, cardos y matas espinosas. Entre las más conocidas podemos citar la cebada ratera (Hordeum murinum), que a veces es aprovechada por el ganado, pero cuya presencia es indicadora del mal estado de los pastos; algunas contienen sustancias tóxicas como la amapola (Papaver rhoeas), de color rojo escarlata, el ojo de perdiz (Adonis vernalis), de flores grandes y amarillas, la neguilla (Agrostemma githago), de flores rojas, y la hierba golondrinera (Chelidonium majus), que contiene un látex purgante y venenoso que florece coincidiendo con la llegada de las golondrinas. Otras son interesantes desde el punto de vista culinario o medicinal como por ejemplo la achicoria (Cichorium intybus), de cuyas raíces se obtiene un producto del mismo nombre que la planta y es utilizado como sucedáneo del café, la borraja (Borago officinalis), utilizada a veces como alimento, y la manzanilla bastarda (Anthemis arvensis), aromática, de lígulas blancas tan largas como el diámetro del disco amarillo. En los bordes de camino y entre los cultivos podemos encontrar, entre una gran variedad de especies, a la fumaria (Fumaria officinalis), de flores rojas, la correhuela (Convulvulus arvensis), trepadora y con las hojas casi en forma de flecha, la hierba de los cantores (Sisymbrium officinale), de diminutas flores amarillas, y el zurrón de pastor (Capsella bursa-pastoris), llamada así por sus frutos en forma de zurrón. Otras especies conocidas son los tréboles (Trifolium arvense), de flores diminutas rosas o blanquecinas, la lechetrezna girasol (Euphorbia helioscopica), con brácteas florales de color verde amarillento, la malva (Malva sylvestris), con flores grandes de color rosa púrpura, utilizada antiguamente como verdura, la verruguera (Heliotropium europaeum), con flores blancas y algo pelosa, el cardo corredor (Eryngium campestre), de color verde amarillento y sobre cuyas raices enterradas crece la seta de cardo (Pleurotus eryngii), muy apreciada como comestible, el cardo cuco (Carlina corymbosa) , de hojas con lóbulos espinosos y tallos afieltrados, el cardillo (Scolymus hispanicus), con capítulos amarillo dorados y hojas coriáceas y muy espinosas, la alcachofa borriquera (Onopordum acanthium), muy robusta, de hasta 1,5 m con grandes hojas blanco tomentosas, y el gordolobo (Verbascum pulverulentum), alto y robusto, revestido de una pubescencia que le da un aspecto polvoriento. Los espartales o atochares están formados por la Stipa tenacissima, gramínea perfectamente adaptada a la sequedad y que contribuye a estabilizar y enriquecer el suelo, evitando la erosión con sus potentes raíces. En algunas zonas, sobre todo en las laderas, es posible encontrar los árboles que cubrían en épocas pasadas toda la región, como son encinas (Quercus ilex rotundifolia), coscojas (Quercus coccifera) y enebros (Juniperus oxycedrus). Junto a las plantas anteriores se encuentran dos especies de gran interés económico: el olivo (Olea europaea) y la vid (Vitis vinifera).

Fauna

Como especies más propias del páramo tenemos al cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), cerniéndose en el aire en busca de alguna presa; la perdiz roja (Alectoris rufa), especie apreciada por los cazadores; la urraca (Pica pica), fácil de ver alimentándose de animales muertos en la carretera; la paloma bravia (Columbia livia), ave de vuelo rápido; la grajilla (Corvus monedula), córvido pequeño de conducta sociable; la cogujada (Galerida cristata), a menudo correteando en los arcenes de la carretera; los conocidísimos jilgueros (Carduelis carduelis), pardillos (Carduelis cannabina), verderones (Carduelis chloris) y pinzones (Fringilla coelebs), todos ellos buscando semillas en tierras de labor.
Los animales más difíciles de contemplar, son los mamíferos, salvo algunas excepciones como el conejo (Oryctolagus cuniculus), muy abundante en la zona, y la liebre (Lepus capensis). Muchas veces sabemos de la presencia de estos animales por sus rastros y señales; cuando ha llovido o nevado se puede aprovechar para hacer una salida al campo y observar las huellas que dejan los animales en la nieve y en el barro.

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